lunes, 8 de junio de 2015

No se va a la playa con traje y corbata

Viendo la poca importancia que esta noticia ha tenido, declaro con entusiasmo que aún me quedan algunas esperanzas en lo relativo a la erradicación de la pazguatez generalizada que nos acecha, aunque confieso que cuando la oí, lo primero que pensé fue que como poco amonestarían a la profesora fascistoide protagonista de tal acto represivo. Parece que la cordura ha imperado por encima de los bramidos poco atendidos de esos que se llaman "sindicato de estudiantes". Y a la vista de esas declaraciones, yo me pregunto si alguno de los que en él se trasconejan, han estudiado algo más que las cuatro reglas.

Pongámonos en situación: la profesora de historia va a llevar a sus alumnos a visitar insignes lugares en Avilés. Entre ellos se encuentran algunas iglesias. Hace calor. La señora profesora recomienda llevar agua por tal motivo. Unas cuantas alumnas manifiestan su intención de ponerse fresquitas y usar pantalón corto. La profesora les advierte de que no podrán unirse al grupo excursionista si se atavían como amenazan, por ser considerado indecoroso y/o inaceptable para entrar en las iglesias. Las niñas se mosquean y se lo cuentan a sus compañeros, quienes se indignan en comandita y se solidarizan presentándose al día siguiente, con bermudas a la remanguillé. Las advertidas infantas hacen lo que tenían pensado y se personan el día de autos luciendo pierna. La profesora las deja en tierra. Indignación generalizada entre el alumnado y el sindicato que terminan calificando de machistas y represores en adelante, a la profesora, al instituto, al himno y a la Corona.

A vosotros niños que os habéis sentido tan heridos en vuestro antisexista orgullo. A vosotros sindicalistas poco viajados y menos leídos. A vosotros todos los que veis machismo-fascismo opresor catolico-franquista de derechas y del Real Madrid: os lo explicaría con manzanas, pero dibujo fatal, así que lo voy a contar con ejemplos reales como la vida misma: a la iglesia no se entra con pantalón corto.
Tampoco se va a la playa con corbata

Ejemplo nº 1: Fulanita y Fulanito viajan a Tailandia y quieren ver el maravilloso palacio real. El guía les advierte de que tienen que ir decorosamente vestidos o no les dejarán pasar. Hace calor, pero del de sudar, no del que hace en Avilés cuando mejora el tiempo, sino que puede haber más de 40ºC con un 95% de humedad. Fulanito y Fulanita llegan a la puerta del palacio real y hay unos señores uniformados que revisan a todos aquellos que están deseando entrar al recinto. Si llevas pantalón corto o ajustado, los hombros descubiertos o generoso escote, los señores uniformados no te dejan pasar. Como el palacio real, que aquí pongo de ejemplo por no ser un lugar específicamente religioso, pasa con toda clase de templos y santuarios. Como mucho, te alquilan unos pareos para que te eches por lo alto, (y lo bajo si es menester), y tapes tus carnes desnudas. Y si no quieres, pues no pasa nada de nada. No entras y todos felices y contentos. Nunca he oído a nadie quejarse por estas exigencias tailandesas.

Ejemplo nº 2: Fulanito y Fulanita, encantados con su viaje, deciden en otra oportunidad, ir a Indonesia, pongamos por caso. Allí visitan templos budistas, santuarios hinduístas y demás lugares sagrados donde les dejan entrar, claro, porque en las mezquitas, turismo más bien poco. Una mezquita es un lugar para ir a rezar y no a dar una vuelta, según el punto de vista de muchos. Les han dejado entrar porque han cumplido las normas de vestimenta y descalzado, pero nadie les ha obligado a nada. Solo que si querían ver lo que había dentro, debían seguir las instrucciones de uso y disfrute. Nunca he oído a nadie quejarse por estas exigencias indonesias.

Ejemplo nº 3: Otro año de parabienes y nuestra pareja se marcha a Turquía. Bello país, bellas mezquitas de las que afortunadamente se pueden visitar, incluso algunas sin taparse la cabeza. ¡Qué derroche de generosidad! Eso sí, señora, no me enseñe los hombros ni las rodillas. Nuestros amigos se tapan y se quitan los zapatos, teniendo que pisar alfombras otrora mullidas y hoy pegajosas por la ingente coincidencia pinrreliana, pero es lo que hay. Nunca he oído a nadie quejarse por estas exigencias turcas.

No voy a aburrir más a la selecta concurrencia con los viajes de los Fulanitos, pero no me pierdo la ocasión de recordar rápidamente que si viajas a Irán y eres mujer, no puedes llevar la cabeza al aire; si eres hombre no puedes llevar pantalón corto y la manga corta puede dar problemitas. No digamos ya si vas a Arabia Saudí: allí hay que llevar una abaya y una sheila negras, lo que viene siendo cubierta de la cabeza a los pies. Si vas a los Emiratos Árabes Unidos, país muy tolerante con las costumbres europeas, donde se puede vestir, dentro de un orden lógico, exactamente igual que en casa, pero si vas a visitar la gran mezquita de Sheikh Zayed en Abu Dhabi, te tapas de arriba a abajo o no entras.

Podía estar poniendo ejemplos durante horas. El fondo es el mismo. Hay unas normas de vestimenta para entrar en ciertos sitios. Si no te interesan, no hagas por entrar. Y no me vengan conque a los chicos no les dijeron nada por llevar bermudas porque son bastante más largas que los shorts de ellas. 

En mis tiempos universitarios atestigüé como un desubicado compañero, al que solo le faltaba llevar una botellita de bronceador en la mano, se quedaba sin examinarse de un parcial de álgebra por presentarse en traje de baño. No hubo ni sindicato ni estudiante al que le pareciera nada diferente de un putadón, pero merecido por idiota. 


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