miércoles, 4 de febrero de 2015

No os puedo llamar animales

Jamás se me habría ocurrido ver el vídeo de la más reciente, (que sepamos), monstruosidad de estos seres que se acurrucan bajo las mantas del Islam para justificar los actos más abyectos que se le puedan ocurrir a un homo sapiens sapiens, pero ha dado la casualidad que me he topado de buena mañana con una foto del pobre desdichado piloto jordano envuelto en llamas. 

Es evidente que no somos todos iguales. Afortunadamente no soy la única que ha sentido como le saltaba literalmente el estómago, al ver la foto de marras solo unos segundos. ¿Qué tipo de bestia parda puede pegar fuego a un hombre joven enjaulado? Ni viejo. Ni hombre. Ni animal. Ni sin enjaular. Pues una que tenga la misma tara cerebral que el engendro que lo filma y lo sube a la red y que todos los teras que ayudan, colaboran, asesoran, reclutan, entrenan, financian y mantienen a esta red terriblemente poderosa contra la que parece que no tenemos armas para combatirles.

Porque no las tenemos y todos estamos expuestos a la pésimamente entendida manera de interpretar el Islam y su Corán. A pesar de que no consiguen que sus chantajes lleguen a buen puerto, lo siguen intentando cada vez con métodos más espeluznates y, ¿qué se encuentran ellos como castigo? Ora una manifestación multitudinaria, ora algún control de aeropuerto más, ora la ejecución de uno o dos abortos de Satanás. 

La ejecución de dos de sus secuaces a manos de la justicia jordana, no les habrá servido a ninguno de estos sádicos sanguinarios de congoja alguna, habida cuenta de que habrá contado para ellos como sacrificio por la causa y los dos estarán, (creerán los muy incapaces), danzando en su Jannah. Casi como que se les ha hecho un favor, me atrevo a decir, de la misma forma que también me atrevo a sugerir que la pena de muerte no es el mejor castigo para estos salvajes asesinos. Creo que debe haber pocas cosas peores en la vida, que saber que nunca vas a volver a salir de una celda cuatro por cuatro. Eso lo aguantó Mandela y "solo" estuvo veintisiete años.

Nunca me atrevería a llamaros animales porque no lo sois ni de lejos. Ni siquiera las hormigas, animales fascinantes y a los que me he pasado muchos ratos observando, pero que se portan en ocasiones de manera particularmente cruel con otros congéneres al igual que muchos otros insectos, se os acercan ni por el forro. No sé lo que sois ni cómo llamaros, pero me dais mucho miedo.

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