jueves, 11 de diciembre de 2014

La princesa está triste. ¿Qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color... pues a ver si pierde también un momentito y renuncia motu proprio a sus derechos sucesorios. El hecho de estar en sexta posición en la línea sucesoria y por tanto ser altamente improbable que algún día llegara a ceñirse la corona de este nuestro reino, no creo yo que sea óbice ni cortapisa para que esta señora empiece a hacer algo por la patria, nunca mejor dicho.

Como es persona que no sabe o no recuerda, habrá que recordarle algunas cosas de vez en cuando, como por ejemplo esto de lo de reinar en sexta posición o de lo de que su padre le regaló, con ocasión de su matrimonio, la facultad de usar el título de duquesa del Empalmat, digo... de Palma de Mallorca, (en qué estaría yo pensando), facultad que por decencia y respeto, debía también, en mi humilde opinión, haber devuelto al cedente, del mismo modo que S. exA. R. Doña Cristina de Borbón y Grecia debió haber renunciado a su condición de Infanta de España en el mismo momento en el que les pillaron con el carrito del helado a ella y a su excelso esposo. Además de no saber ni recordar, y sin ánimo de hacerlos únicos responsables de los males de la Corona, no parece enterarse del daño que tanto ella como el presunto chorizo de su marido han causado a la monarquía.

Contento ha de estar el Rey con tan poca solidaridad fraterna, a quien no le alcanza el sosiego para tratar de demostrar transparencia en su recién nacido reinado, encargando que sus cuentas sean auditadas externamente y prohibiendo a la familia real aceptar regalos y remuneraciones privadas, para que la monarquía solo pueda ser tachada de intachable.

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